Necesidad de refugio

Hay momentos en los que, sin saber muy bien por qué, nos sentimos en la necesidad de buscar un refugio. Un lugar en el que abandonarnos, físico o metafórico, al que accedemos a través de muy diversos sortilegios: un determinado espacio, una figura maternal, un objeto, un sonido, un aroma.

Mi último talismán de acceso a ese refugio ha resultado ser completamente inesperado: unos cuentos infantiles de Clarice Lispector, primorosamente editados por Sabina Editorial con ilustraciones de Sara Aguilar. La ternura infantil de las ilustraciones y de las historias me sumergió con dulzura en un líquido amniótico cálido y reconfortante, con el que me arropé durante el lapso de tiempo suspendido que duró la lectura.

Tendemos a vincular la ternura con la infancia, quizás porque idealizamos esa primera etapa de la vida como el reducto de la inocencia, como ese espacio temporal al que solo en contadas ocasiones podemos volver, cuando por arte de magia, como en las historias infantiles, se da una disrupción en el mundo adulto, una grieta por la que nos escapamos (o en la que nos escondemos) durante unos instantes.

Por desgracia, la experiencia nos dice que la infancia no es siempre inocente, no es siempre seguridad, calma y calidez. Y, sin embargo, la ternura existe. Es un matiz, una sutileza, la necesidad de desprender de nuestra anatomía espiritual los innumerables lastres que hemos ido acumulando, de ser parte blanda, desnuda, sin caparazón.

¿Se puede pensar en una humanidad más consciente de las vulnerabilidades que nos componen, de que nuestros cimientos son tiernos, o al menos lo fueron alguna vez? ¿Sería posible reconocer el refugio de la ternura en otras miradas, a pesar de los remolinos de agresividad y violencia en los que nos ahogamos cada día? Si la respuesta fuera , un de rotunda suavidad, la ternura nos pertenecería a todas las edades. Quizás, como ya apunté en otro lugar, podríamos reconquistar ese refugio a través de una revolución de ternura radical que nada tiene que ver con el mundo en el que vivimos.